Si Mahoma no va a la montaña…

. Historias APAMaGueras

20140221 170814 resized 1La montaña va a Mahoma. Eso es un poco la historia de Hugo, un apamaguero que acaba de recorrer 1.500 kilómetros para encontrarse con su casa definitiva. Exactamente de Madrid a Munich (Alemania), dónde le esperaba Martha. Ella buscaba un nuevo integrante de su familia después de que el último gato con el que vivía falleciera. Buscó en las protectoras alemanas pero no encontró unos ojos que le miraran como ella necesitaba. Su hija abrió Facebook –benditas redes sociales- y allí encontró una foto de Hugo. Antes de que pudiera saber más sobre la historia de este cruce de Teckel, Martha ya gritó: ‘Ese es mi perrito’.
Y eso que en la foto Hugo no salía especialmente favorecido. Apamag lo encontró en la perrera y después de irse a una casa de acogida las cosas se le torcieron. Se puso malito. Hasta tuvo que ser ingresado y cambiar de casa de acogida. Pero haciendo gala de la capacidad de superación y supervivencia que los animales tienen, Hugo se repuso en tiempo record. La otitis que traía según el veterinario de más de un año, desapareció en dos semanas. Ni el nuevo pienso, ni las cataratas congénitas, ni la desconfianza de su nueva compañera de casa (sólo al principio), hizo que el pequeño Hugo no se sintiera a gusto.
20140222 003352 resizedY después de mes y medio –el tiempo necesario para recuperarse, complementar todas las vacunas, pruebas y demás burocracia para viajar-, Hugo recogió sus cosas y se metió en el trasportín en Barajas sin tener ni idea del cambio que iba a dar su vida. Cuando salió, le esperaba una casa con jardín, un bosque inmenso y la dulzura de Martha y su familia. Parece que Hugo es un velocista, porque se acomodó en su nueva casa en tiempo record. ¿Qué cómo lo sé? Porque yo, su casa de acogida durante este mes y medio, me aseguré de que todo fuera bien, acompañándolo a Múnich, conociendo a Martha y su familia y ayudando en la transición de Hugo. Una experiencia que me devuelve la esperanza en la buena voluntad de la gente, en la capacidad de cambiar el mundo que tenemos todas y todos y que me ha proporcionado una familia en Múnich para siempre.
Si aún tienes dudas de lo bueno que es ser casa de acogida, pregunta a APAMAG

Laura L. Ruiz

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